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El Nacimiento del Eixample: el barrio más icónico de Barcelona

11 abr
5 min de lectura

Actualizado: 29 sept

Callejuela estrecha con personas caminando cerca de una iglesia de piedra marrón. Tienda de abanicos coloridos a la izquierda, ambiente medieval.
Estrechas calles medievales de Barcelona

El Nacimiento del Eixample: el barrio más icónico de Barcelona

Imagina Barcelona a mediados de 1850: una ciudad rodeada de antiguas murallas, densa, superpoblada y enclaustrada en sus propios límites. Al recorrer hoy sus estrechas calles medievales, es fácil olvidar que todo aquello se encontraba cercado sin espacio para crecer.

El problema de falta de espacio se volvió una prioridad y así surgió el plan para crear un distrito completamente nuevo.

Al hospedarte con nosotros en el Carrer Girona, estás viviendo dentro de ese plan. Atraviesa nuestro pórtico y empieza tu recorrido por la cuadrícula urbana surgida de la imaginación de un visionario: el diseño de un sueño hecho realidad.


Ildefons Cerdà: el hombre que diseñó el Eixample (ample: el barrio más icónico de Barcelona.

(Nota ortográfica: el término Eixample proviene del catalán. Se pronuncia aproximadamente como "esh-AM-pla". En castellano se le conoce como "Ensanche". Podrás encontrar ambas formas, aunque la más utilizada sea la catalana)

Persona en bicicleta, otra caminando, fondo de fachada con letrero "Bar Funicular", árboles con hojas verdes y amarillas. Día soleado.
El barrio del Eixample en Barcelona

Ildefons Cerdà, (en castellano, Ildefonso Cerdá), fue un ingeniero cuyas ideas siguen generando debate entre arquitectos y urbanistas. Mantenía un enfoque utópico, cualidad que le permitió proyectarse más allá de las murallas.

No sólo se trataba de construir calles, sino de reducir la brecha entre los barrios ricos y pobres y proyectar una ciudad sobre los principios de igualdad.

Por ello planificó la creación de grandes avenidas y espacios verdes compartidos en el corazón de cada manzana. Limitó la medida de los edificios a 16 metros de altura (cuatro plantas) para evitar cubrir de sombra permanente a los vecinos aledaños.

En 1867 publicó su obra más importante, la Teoría General de la Urbanización, libro que acuñó el término "urbanización" tal como lo entendemos ahora, convirtiéndose en el modelo de la Barcelona moderna.

Su plan dividió la ciudad en manzanas octagonales, cuyos famosos chaflanes (esquinas recortadas en diagonal), mejoran la visibilidad entre los cruces y facilitan el giro de los vehículos. Esos vértices recortados, sumados a las anchas calles, sentaron las bases de algo que Cerdà jamás habría anticipado: la floreciente infraestructura ciclista de Barcelona.

Los actuales carriles para bicicletas siguen la lógica trazada sobre el papel hacia 1850.

Actualmente, podemos encontrar esta conexión en las Superilles de Barcelona (agrupación de manzanas que privilegan calles de a pie). Estos "nodos verdes" de pacificación del tráfico están transformando silenciosamente la ciudad, siendo un retorno a la visión original de Cerdà sobre la prioridad peatonal y el espacio vecinal compartido.

La cuadrícula que diseñó estuvo pensada para respirar estuvo pensada como una experiencia para respirar y disfrutar.

Si deseas explorar lo que las Superilles significan para los visitantes de hoy, te invitamos a leer nuestro artículo sobre [Viaje Sostenible en Barcelona] que continúa esta historia.


La cuadrícula del Eixample: cómo se planificaron las calles de Barcelona


Como ocurre con la mayoría de utopías, llegó el momento de intervención de la realidad. Muchas de las ideas propuestas sufrieron modificaciones: el límite de altura de 16 metros se superó casi de inmediato. Los promotores y la burguesía en auge presionaron para construir edificios más altos, más plantas y mayor rentabilidad. Las autoridades municipales cedieron a estas presiones. Los jardines interiores que Cerdà había destinado como pulmones verdes comunitarios, fueron ocupados progresivamente por otras construcciones. Lo que recorres hoy es una versión modificada de su sueño: la geometría sobrevivió; gran parte del idealismo social, no.

Esta tensión suscita reflexiones sobre la naturaleza del Eixample. Mientras se hace el recorrido observamos un barrio que representa al mismo tiempo uno de los grandes logros del urbanismo y un recordatorio de la influencia de los intereses económicos en el idealismo de un visionario.


La Exposición de 1888 y la Edad de Oro del Eixample


Parte superior del Arco de Triunfo de ladrillo rojo en un día nublado. Detalles arquitectónicos y esculturas adornan el monumento.
Arc de Triomf de Barcelona

La Exposición Universal de 1888 aceleró la creación del Eixample.

Fue celebrada en un amplio recinto aledaño al Arc de Triomf, (que ejerció de entrada principal), ocupando el Parc de la Ciutadella, el zoo y lo que hoy es la Estació de França. Esta exposición constituyó todo un reto para Barcelona, convirtiéndose en un escaparate mundial. Se creó nueva infraestructura, edificios y este espíritu renovador inundó la ciudad.

El Parque de la Ciutadella, fue rediseñado como pieza central de la exposición. Su transformación estuvo a cargo del arquitecto Josep Fontserè, quien trabajó con los elementos preexistentes de la antigua ciudadela militar: la capilla (hoy parroquia castrense), el palacio del gobernador (actual instituto IES Verdaguer) y el arsenal (ahora sede del Parlamento de Cataluña).

La exposición sembró el terreno para el movimiento arquitectónico catalaán conocido como Modernisme, que acabaría definiendo la identidad visual de Barcelona. De aquellos edificios podemos apreciar algunos hasta el día de hoy como: el Arc de Triomf de Josep Vilaseca, el Castell dels Tres Dragons de Lluís Domènech i Montaner (originalmente un café-restaurante, hoy el Museo Zoológico), el Museo de Geología de Antoni Rovira i Trias, el Hivernacle de Josep Amargos y el Umbracle de Fontserè. Algunos fragmentos de la Galería de Máquinas de Adrià Casademont i Vidal siguen siendo visibles, reconvertidos para uso del zoo.

Techo de vidrio de un invernadero antiguo con estructura de hierro y paredes de ladrillo. Plantas verdes al fondo, cielo nublado.
Hivernacle del Parc de la Ciutadella

Carrer Girona: el escaparate arquitectónico del Eixample


La energía de la exposición no permaneció en el recinto ferial. Se extendió por el nuevo Eixample. El Carrer Girona, al lado derecho del barrio, se convirtió en una de sus calles más expresivas. Para un recorrido detallado su historia arquitectónica, edificio a edificio, consulta nuestra guía dedicada al [Carrer Girona].

Gran parte del carácter del Carrer se debe a los dos edificios de Enric Sagnier i Villavecchia. Sagnier fue uno de los arquitectos más prolíficos de la parte derecha del Eixample, durante este período trabajó para la próspera burguesía barcelonesa.

Su obra temprana en Carrer Girona 20, es la Casa Antoni Roger Vidal, ubicada en la esquina con Carrer d'Ausiàs Marc 33–35. Ésta muestra el estilo ecléctico de cambio de siglo. Unos portales más adelante, encontramos un edificio posterior situado en Carrer Girona 24, la Casa Enric Roger Vidal, que es una expresión más depurada del Modernisme catalán temprano, anunciada por una imponente puerta principal de madera y la gran escalera de mármol de doble tramo que sigue impresionando al momento de cruzar el umbral.

Este último es el edificio donde nos encontramos.


Pasillo interior con decoración arquitectónica elaborada. Escaleras centrales, plantas en macetas a los lados, ambiente histórico.
Entrada principal de la Casa Enric Roger Vidal

Alojarse en el Eixample: Hostal Girona


El Hostal Girona se encuentra en dos plantas de la Casa Enric Roger Vidal. Abrió sus puertas con la intención de ofrecer a los huéspedes un lugar con personalidad e historia, más allá de un hospedaje tradicional.

Las habitaciones combinan el moderno confort con detalles que ya estaban aquí mucho antes. Destacan los suelos de mosaico Nolla, bautizados en honor a Miquel Nolla, el empresario que produjo estos azulejos hidráulicos geométricos en Valencia hacia 1860. Los diseños que adornan el suelo son los mismos usados por la burguesía del siglo XIX.

Conscientes de su valor histórico, hemos trabajado para restaurar el mayor número posible.

El ascensor del edificio es original y se encuentra activo, invitándonos a participar del pasado en nuestro día a día. Fue instalado por los hermanos Cardellach (Enrique y Antonio), siendo este último figura destacada del renacimiento cultural catalán de principios del siglo XX.

Al hospedarte aquí, no estás contemplando la historia de Barcelona desde fuera, estás dentro de ella, en una calle donde el Modernisme, la cuadrícula de Cerdà y los ecos de la Exposición de 1888 confluyen.


Más allá del Eixample

El Carrer Girona es un excelente punto de partida para comprender Barcelona, pero la historia de la ciudad empieza mucho antes de Cerdà. Si te diriges hacia el casco antiguo, encontrarás las capas medievales bajo la superficie modernista: murallas romanas, calles góticas, vestigios de un asentamiento que precede con creces a la cuadrícula.

Exploramos esa historia en nuestra guía sobre [la Barcelona Medieval], que combina a la perfección con un paseo matutino por el Barri Gòtic.

Si explorar el Eixample desde dentro te parece la mejor manera de vivir Barcelona, en el Hostal Girona, Carrer Girona 24, te espera una habitación, en el corazón mismo de esta historia.





 
 
 

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